Inseguridad

Mientras que el año pasado el 42 % de los ciudadanos se sentían inseguros, en octubre último ese índice subió al 72 %. La pregunta es ¿en que niveles hay que estar para declarar la emergencia nacional en seguridad?

En octubre tuvimos denuncias por 17.000 robos a la propiedad privada, pensemos que solo se denuncia el 35 % de los casos producidos.

Hay libres 14.000 ciudadanos que han delinquido y se estima que el 35 % reinciden. Como dicen los chicos, “estamos en el horno”.

El gobierno dice que es solo una “sensación”. Otra demostración de lo alejado de la realidad que se encuentra nuestra dirigencia política.

¿O es una acción premeditada? Liberemos la mente y pensemos:

“¿Quién se va a preocupar que le roben el país y sus derechos, cuando tiene que agradecer que los delincuentes le han perdonado la vida a él y a toda su familia a cambio de entregar mansamente todos sus bienes?”

Todo es posible con ésta clase política, pensemos que ciertas dirigencias políticas “fomentan” la no educación para asegurarse una masa de votos irrestrictos. Recordemos que la ignorancia reemplaza al cerebro por el estómago (el famoso sándwich de milanesa y la Coca).

Desde el advenimiento de la democracia mucho se ha hablado y se ha hecho en defensa de los derechos humanos y nadie duda de que esa irrestricta actitud en defensa de los primordiales derechos de todos los habitantes no ha sido muy equitativa que digamos, lo que ha transformando a los derechos humanos en el “refugio de los delincuentes” dejando afuera a gran parte de la sociedad.

La falta de límites es una de las principales causas que llevan a un individuo a delinquir. El problema es grave, como sociedad hemos eliminado estos límites, ya sea en el seno familiar como así también en la etapa educativa del adolescente (recordemos el tema amonestaciones de la secundaria). Hemos permitido libertades a nuestros niños que hoy los están perjudicando fuertemente en su desarrollo, en el armado de su tabla de valores y en la toma de sus decisiones. Hemos eliminado de su vocabulario los términos “luchar” y “difícil”, no hemos sabido explicarles el real significado del término “competir”, inculcamos el facilismo y lo más grave es que hoy nos estamos dando cuenta del error, pero no sabemos como salir del mismo. Es por ello que nuestra juventud no entiende eso de “derechos y obligaciones”. Piensan que los derechos son de ellos y las obligaciones de los otros (especialmente de los padres).

Hoy, el ciudadano honesto está más preocupado por su seguridad, que los propios delincuentes por su destino.

Si un delincuente cae preso, tiene una baja probabilidad de que sea condenado y en caso de serlo, la probabilidad de no cumplir la condena es alta. Por eso, el riesgo que asume por delinquir es bajo. Esto los delincuentes lo conocen. Esto se llama “impunidad”.

Este es el marco dentro del cual un ciudadano, por necesidad económica, vagancia, ignorancia o por necesidad de protagonismo social, decide delinquir.

No he mencionado “empujado por la droga” porque como en la discusión sobre que existió primero, el huevo o la gallina, en éste caso tengo dudas de que un ciudadano honesto tome drogas para delinquir o un delincuente tome drogas para sobrellevar el delito que comete. ¿Es la droga el medio que hace delinquir o es el medio que facilita delinquir?. Pensemos que no todos los drogadictos son delincuentes. Personalmente pienso que se ingresa a la droga por otras causas totalmente ajenas a la delincuencia.

Supongamos que sobre la izquierda de una recta tenemos un punto que marca el nivel de inseguridad existente en México. Sobre la misma recta pero más a la derecha tendremos un punto que representa el nivel delictivo actual de nuestro país, más a la derecha habrá un punto que marca la situación en Suiza. Es decir que a medida que avanzamos sobre la recta hacia la derecha nos vamos encontrando con sociedades con niveles de inseguridad cada vez más bajos. Cada uno con sus políticas y consideraciones, aceptadas o rechazadas, que permiten alcanzar ese nivel. Si seguimos avanzando sobre la recta, siempre hacia la derecha, pero muy pero muy a la derecha, encontraremos a la Argentina de los militares, donde el delito prácticamente no existía, si bien existían otro tipo de inseguridades que no vamos a discutir ahora.

Como se dice muy sabiamente, los extremos no son buenos y en éste caso es fuertemente aplicable, ni el punto que representa la Argentina de hoy ni el que representa la Argentina del pasado son ideales, pero, dentro de cada uno de ellos, podremos encontrar situaciones buenas y rescatables. Tengamos la inteligencia de identificarlos, la habilidad de entenderlos y lo más difícil, la valentía de implementarlos y con seguridad, encontraremos un punto intermedio con muchas de esas situaciones buenas y rescatables de los extremos y en el que posiblemente todos nos sentiríamos más seguros.

El secreto está en conformar ese punto, descubrirlo, armarlo y consolidarlo. Pero rápido, muy rápido. No solo para que nuestros hijos lo disfruten sino para que también lo disfrutemos nosotros.

Es muy difícil solucionar un problema si no se conocen las causas del mismo. Y es ahí donde los políticos divagan y terminan discutiendo el sexo de los ángeles o se preocupan de instalar en la sociedad nuevos muñequitos de torta como referentes del fracaso.

En la solución de un problema puede ser que se necesiten dos tipos de soluciones, las de largo plazo y las de corto plazo.

En la inseguridad encontramos la necesidad de ambas soluciones, las de largo plazo que son las que los dirigentes discuten sin querer encontrarlas y se olvidan de las del corto plazo que son las que la gente espera ansiosamente y  que son las que van a permitir YA, tener una sociedad más segura.

No se dan cuenta que mientras ellos discuten, los delincuentes siguen adueñándose de las calles, matando inocentes mientras la sociedad se recluye en sus casas tras las rejas con sofisticados y onerosos sistemas de alarmas.

En el caso específico de la inseguridad, las soluciones de largo plazo, son verdaderamente de largo plazo.

Infraestructura del Poder Judicial, infraestructura carcelaria y de centros de rehabilitación, calidad de los uniformados responsables de la prevención y represión del delito, políticas educativas que eliminen la deserción escolar, seguridad económica apuntando a un bajo índice de desocupación con un buen sistema de seguro de desempleo y algunas otras no menos importantes. La sociedad no puede esperar que la  implementación de estas soluciones de sus frutos. Hay que aplicar en forma inmediata las de corto plazo.

Detener y procesar a todos los que desde los tres poderes del estado, protegen y liberan delincuentes. Bajar la edad de imputabilidad. Accionar enérgicamente sobre la portación de armas. Eliminar las excarcelaciones por tres años. Cumplir las leyes actuales a rajatabla, en el corto plazo no hace falta endurecer nada, simplemente hay que suprimir sensiblerías, accionar sobre las “chicanas legales” de los abogados que prolongan los tiempos de los procesos, sancionar a los abogados que las impulsan y disolver a los actuales profesionales de los derechos humanos.

¿Acaso no hay un poder judicial independiente, que tiene por única función aplicar la ley que tutela los derechos de todos? Hagamos que funcione y tendremos los derechos humanos en mayúsculas, con dos, repito, con dos ojos  bien abiertos y vigilantes cubriendo a toda la sociedad.

Para finalizar, una pregunta y una reflexión:

¿Vivimos en un Estado de Derecho o en un Estado Subversivo?

En el bosque y en la selva se marcha de día, en el desierto de noche, en el agua se nada, en el hielo no se corre, en un estado de derecho se acata la ley y se respeta al prójimo, en un estado subversivo se pelea por los derechos y la vida. Si no se tiene claro dónde se está parado, el fracaso y la muerte serán moneda corriente.

Cuando a la inseguridad se la deje de esconder bajo la alfombra, tal vez, tengamos una chance.

 

Noviembre 2008

 

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